
“Cuando por fin me levante… y aprendí a caminar nuevamente, tome un día un espejo de mano y me dirigí hacia un espejo mas grande para observarme, fui sola. No quería que nadie se enterara de cómo me sentía al verme por primera vez. Pero no hubo ningún ruido, ningún alboroto, al contemplarme, no grite de rabia. Me sentía simplemente paralizada. Yo no podía ser esa persona reflejada en el espejo. En mi interior me sentía una persona saludable, corriente y afortunada, oh!!! No como la del espejo! Pero cuando volví mi rostro hacia al espejo, era mis propios ojos los que me miraban ardientes de vergüenza… como no llore ni emití el menor sonido, me resulto imposible hablar de esto con alguien, a partir de entonces la colusión y el pánico provocados por mi descubrimiento quedaron encerrados en mi, e iba a tener que enfrentármelos sola durante mucho tiempo.
Una y otra vez olvide lo que había visto en el espejo. Aquello no podía penetrar adentro de mi mente y convertirse en parte integral de mi persona. Yo me sentía como si eso no tuviera nada que ver conmigo, era tan solo un disfraz. Pero no era el tipo de disfraz que se pone una persona voluntariamente y con el cual intenta confundir a los demás respecto a su identidad. Como en los cuentos de hadas, me habían puesto el disfraz sin mi aprobación ni consentimiento, y era yo misma quien resultaba confundida respecto de mi propia identidad. Me miraba en el espejo y me sobrecogía de horror al no reconocerme. En el lugar donde me encontraba, con ese persistente jubilo romántico que había en mi, como si fuera una persona favorecida por la suerte para quien todo era posible, veía a un extraño, una figura pequeña, lastimosa, deforme y un rostro que se llenaba de dolor y sonrojaba de vergüenza cuando clavaba la vista en el. Era solo un disfraz, pero lo llevaría puesto eternamente. Allí estaba, allí estaba, era verdadero. Cada uno de estos encuentros era como un golpe en la cabeza. Siempre me dejaba aturdida, muda e insensible, hasta que lenta y tercamente volvía a invadirme mi inpersistente y robusta ilusión de bienestar y belleza personal, olvidaba la irrelevante realidad y estaba desprovisto y vulnerable otra vez.”